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Las cumbres
Esta es, entonces, mi subjetiva selección,
basada en los criterios señalados:
Platería
mapuche
Durante los siglos XVIII y XIX circularon monedas
de plata en territorio mapuche, fruto del intercambio
comercial con la pampa argentina. Se cree que
fueron estas monedas las que dieron origen al
desarrollo de los plateros mapuches, que fueron
sofisticando los diseños, hasta convertir
las piezas en obras únicas. Los caciques
pusieron a su servicio a plateros que tuvieron
como misión crear joyas para mujeres, ornamentos
ceremoniales, aperos para los caballos y utensilios
domésticos. La herencia sigue viva y se
sigue martillando y fundiendo la plata en toda
la zona de la Araucanía, atrayendo a un
gran número de diseñadores, como
Amalia Chaigneau, a investigar y recrear los antiguos
diseños.
Rari
La humilde práctica de cortar los crines
de caballo, teñirlos y trenzarlos ha dado
origen a una maravillosa muestra artesanal. El
villorrio de Rari, en la provincia de Linares
y cerca de las Termas de Quinamávida y
Panimávida, nos deleita con finas y transparentes
mariposas de colores, ángeles y brujas,
canastos, vírgenes y nacimientos, entre
otras delicadezas.
Quinchamalí
En este pequeño pueblo, al sur de Chillán,
encontramos las inconfundibles figuras de cerámica
negra, sobre cuya superficie se pintan elementos
decorativos en blanco. Elementos utilitarios,
como mates y jarros, alcancías, adornos,
así como las espectaculares guitarreras
y pavas conforman un acervo cultural y artístico
del primer nivel.
Loceras de Pilén
Cerca de Cauquenes, está la expresión,
en mi opinión, más auténtica
del trabajo con greda que, en esta zona, tiene
un característico tono rojo. Tal como sus
antepasados, ella se vuelve fuente, macetero,
iglesia en las sencillas manos de sus artesanas.
La simpleza misma, apenas un detalle como una
cabeza de gallina sobre la tapa de una fuente,
les otorga una dignidad y una pura belleza ancestral
que conmueve.
Cerámica
de Talagante
En las cercanías de Santiago, esta pequeña
ciudad alberga a las últimas cultoras de
esta cerámica pintada con alegres y colorinches
tonos, que dan cuenta de las tradiciones y modos
de vida de la zona central del país. Personajes
típicos de las calles chilenas, oficios
y personajes alegran los rincones en que se disponen.
Lo más logrado es, sin duda, la procesión
del Cuasimodo, con el coche del sacerdote acompañado
por huasos con banderas. Urge capacitar a jóvenes
que continúen esta tradición, ya
que está en peligro de extinción.
Chamantos de Doñihue
En Doñihue, pueblo cercano a Rancagua,
a una hora al sur de Santiago, se encuentran las
chamanteras más reputadas del país.
Con miles de hilos de seda y algodón se
tejen hermosas prendas cuyos motivos, de inspiración
incaica, mapuche y española, incorporan
los elementos de la flora de la zona central.
La prolijidad con que se traman los hilos hacen
que cada prenda tome algunos meses en estar lista,
convirtiéndola en un objeto caro, al que
pocos pueden acceder. En el Champion de Rancagua,
en actos oficiales, en las ramadas del Dieciocho
se lucen los huasos con sus hermosos y finos chamantos.
Por Cecilia
García-Huidobro
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