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Cecilia García-Huidobro
FzK, Vicepresidenta Ejecutiva de la Corporación
Patrimonio Cultural de Chile y coleccionista de
artesanías chilenas toma la difícil
misión de elegir, de acuerdo a su personal
visión, a las seis cumbres de nuestra artesanía,
asumiendo que no todos quedarán contentos.
Criterios de selección
Una de las más patentes manifestaciones
de la cultura de un pueblo es su artesanía.
Habilidades y secretos son trasmitidos de generación
en generación y su práctica se encuentra
arraigada en la identidad de un territorio en
la que se genera.
Es difícil delimitar lo que manos laboriosas
anónimamente producen con categorías
estéticas, que impone el cánon académico.
No cabe duda, sin embargo, que algunas tradiciones
artesanales han alcanzado en Chile una altura
artística de la que sólo podemos
enorgullecernos.
Lamentablemente, hay por otra parte tradiciones
que han decaído en su espíritu y
entusiasmo y varias que han sido influenciadas
por agentes externos que nada tienen que ver con
las raíces que las alimentaron en el pasado.
Otras, como las cerámicas perfumadas de
las Monjas Claras, han muerto con sus últimas
cultivadoras, desapareciendo sus técnicas
para siempre, quedando sólo algunas piezas
como últimos testimonios de algo que ya
no volverá.
Destacaremos en este artículo, y desde
una mirada crítica, aquellas expresiones
que alcanzan un grado creativo que las convierte
en piezas únicas, fieles intérpretes
de las raíces y la materialidad presentes
en una zona específica. Buscaremos la coherencia
entre sus componentes, esperando que el sentido
originario se exprese en sus formas, constituyendo
una referencia reconocible.
Sin embargo, omitiremos algunas representaciones
que aunque ampliamente conocidas y divulgadas,
no alcanzan una finura en su composición
ni una notoriedad en su factura. Hay artesanías
que han sido impactadas por la sociedad de consumo,
incorporando técnicas y motivos que nada
tienen que ver con el sello esencial que les dio
origen. A pesar de eso, un trabajo serio puede
perfectamente devolverlas a su antiguo cauce.
Ocurre también, que esparcidos por todo
Chile, artesanos y artesanas trabajan individualmente
y sus tejidos, cesterías, cerámicas,
etc. no aparecen vinculadas a otros, lo que impide
que se forme un tipo de artesanía diferenciadora,
que forme conjunto. Muchos cultores, algunos muy
notables, no logran enmarcarse dentro de una acción
comunitaria, requisito fundamental de una vertiente
artística que se proyecte. No cabe duda
de que este es un tema pendiente en las universidades
que imparten la carrera de diseño y en
los organismos que tienen a su cargo la promoción
y la difusión del turismo.
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Las cumbres
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