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El nombre de la isla
viene de la palabra Chilhué, que significa
lugar de gaviotas. Habitada en un principio por
cuncos, huilliches y chonos, la isla fue descubierta
por los españoles el 8 de noviembre de
1553, logrando su independencia en 1926. Ese año
se crea la Provincia de Chiloé, incorporada
a la República de Chile, designándose
como capital la ciudad de Castro.
También en el siglo XVI llegaron los primeros
religiosos, franciscanos y mercedarios, que se
abocaron a la tarea de evangelizar a la población,
pero serían los jesuitas, llegados en 1608,
quienes organizaron el sistema de evangelización
que dio su sello característico a esta
zona, sistema que fue continuado por los franciscanos
después de la expulsión de la Compañía
de Jesús en 1767.
Los jesuitas aplicaron en la evangelización
de la isla el sistema de misión circular,
en el que grupos de religiosos hacían recorridos
anuales por el archipiélago, permaneciendo
durante un par de días en determinados
puntos, donde se establecieron capillas. A la
falta de un sacerdote operaba casi todo el año
un laico, llamado fiscal o amomaricamañ
en un principio, el que estaba preparado especialmente
para atender espiritualmente a los habitantes
de las inmediaciones. La acción de este
diácono permitirá, sincretizar la
religiosidad del mundo indígena y del católico,
dándole un fuerte contenido local, sin
dañar la esencia del cristianismo.
Durante los siglos XVII y XVIII nacieron, de los
recursos que entrega la naturaleza; de la mano
hábil de los indígenas y de las
enseñanzas de los misioneros jesuitas,
las iglesias de Chiloé. Soportaron el duro
clima del sur, siendo ahora la muestra de un rico
diálogo intercultural y de un profundo
mestizaje. Actualmente, existen en Chiloé
unos 60 templos que corresponden a la tipología
denominada Escuela Chilota de Arquitectura Religiosa
en Madera.
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