Hija del embajador de Italia en Roma, su madre, Blanca Subercaseux Errázuriz, se educó en Italia. En Roma, Gabriel Valdés Subercaseaux cursó la secundaria; allí su hermana mayor se casó con un italiano; allí formó parte de la devoción familiar a San Francisco de Asis, de la mano de su tío, el famoso monje Pedro Subercaseaux; conoció el idioma y los pueblos de la península; la cultura y la historia del Viejo Continente; entabló estrechas amistades y volvió en varias ocasiones durante su vida. De esto sabía Michelle Bachelet cuando, en 2006, lo nombró Embajador de Chile en Italia. Cargo al que renunció en 2008 para regresar a su país, en donde ha estado dedicado a redactar sus memorias, que seguramente, verán la luz en 2010.
- ¿Por qué dejó la Embajada en Roma, siendo que ahí estaba como pez en el agua?
- No tengo una respuesta clara. En realidad estoy arrepentido. Por una parte, eché de menos aquí. En segundo lugar, mi señora (Silvia Soublette, directora del Instituto de Música de Santiago), tiene su actividad aquí. Además, yo no tengo una vocación diplomática, se hace mucha vida social y yo tengo otros intereses. Y estoy escribiendo cosas que tienen relación con Chile… Pero igual me arrepentí, porque podría haberme quedado un poco más. Me arrepiento de haberme venido, pero estoy feliz de estar en Chile. Quiero mucho mi país, sobre todo Valdivia. De niños, siempre fuimos a veranear al sur, de diciembre a marzo. Primero a Puerto Varas, después a Purén y después a Valdivia. Teníamos botes, caballos, amistades, mucha actividad.
- Usted siempre ha puesto a Valdivia como un ejemplo de urbanismo…
- Ejemplo de urbanismo y de una sociedad alejada de Santiago, con mucha autonomía, mucha vida cultural, orquestas, teatro. Las familias alemanas que llegaron eran gente muy culta, que vino por razones políticas y no económicas, como en otros lugares de Chile.
- Usted fue por dieciséis años senador por la X región, desde la llegada de la democracia hasta el 2006, y luego fue uno de los impulsores de la creación de la nueva Región de los Ríos, con capital en Valdivia…
- Viví en una isla muy bonita, en el Río Cruces, con casas, animales, gallinas, frutales. Silvia iba de vez en cuando, pasábamos el verano allá. Yo viajaba todos los fines de semana. Luché por la autonomía de Valdivia, a la cual yo estuve acostumbrado desde siempre. Era lejos la mejor ciudad del sur. A Puerto Montt le decíamos “la caleta”.
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