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Los cabildos culturales justamente apuntan a la
generación de identidad y no al rescate
de una supuesta identidad definida
- Nos critican que nosotros
no manejamos los Cabildos y yo respondo: "muchas
gracias, esa es la idea." Que los maneje
la gente, que se expresen ellos, que construyan
su propia identidad. Para mí fue muy gratificante
cuando hicimos nuestro primer Cabildo, "Del
Chile vivido al Chile soñado." Los
economistas y los políticos dijeron: "son
las voladas de Claudio, de qué sueño
están hablando, si la gente quiere plata,
comida y techo." En cambio las señoras
del sur que participaron me decían: "gracias
por devolvernos la dignidad. Porque un perro puede
buscar comida y techo pero el hombre es el único
animal capaz de soñar y luchar porque sus
sueños se hagan realidad". Las consignas
de mayo del 68 como "la imaginación
al poder", o "sea realista y pida lo
imposible", siguen siendo verdades y hay
movimientos subterráneos, surgiendo en
las universidades. Eso de que los jóvenes
no están ni ahí, no es cierto. No
están ni ahí donde el sistema quiere
que estén. Pero están en otras partes,
y ellos saben muy bien dónde. Sienten que
el sistema no les da cabida y se están
organizando. En los grupos de hip hop está
naciendo una literatura del carajo, una expresión
real y propia que utiliza el espacio público,
la calle que nos arrebataron durante 20 años.
El tema no es sólo dar acceso a la cultura,
sino permitir la participación en la generación
de la cultura. No sólo somos consumidores
sino también productores de cultura. En
la medida en que seamos más productores
seremos menos dependientes de los modelos culturales
impuestos por la globalización. Para producir
cultura lo principal es tener la oportunidad de
dialogar, discutir, pensar creativamente y en
conjunto.
- ¿La falta de diálogo
ha impedido que se fortalezca la gestión
cultural en nuestro país?
- Claro, en eso Pinochet triunfó,
cuando dijo "yo no estoy en contra de las
ideas. Piensen lo que quieran, pero piénsenlo
solos" Nos hemos acostrumbrado a eso, que
no lleva a nada. Esta manía por el concenso,
por no debatir, conduce a una idea de la tolerancia
en la que uno coexiste con otros sin molestarlos.
Pero resulta que no basta con la coexistencia,
hay que pasar a la convivencia. Yo me tengo que
meter contigo, tú te tienes que meter conmigo
y entendernos en la diferencia. La dictadura y
la historia de enfrentamientos nos ha llevado
a esta coexistencia de guettos cerrados que no
se relacionan entre sí. Se ha perdido el
debate.
- El separatismo y la incapacidad
de trabajar en conjunto ha afectado bastante toda
la acción relacionada con el patrimonio.
Se ve en las polémicas con respecto al
proyecto del Parque Rapanui, con la postulación
de Valparaíso
¿Cuál
es su visión?
- Primero que nada creo que
Isla de Pascua no tiene nada que ver con nosotros,
su cultura es totalmente polinésica, aunque
esté cercana a nosotros geográficamente.
Entonces los continentales no tenemos los elementos
para apropiarnos de esa cultura. Por otra parte,
aunque me maten los porteños, voy a decir
que Valparaíso está sobrevalorado
como patrimonio urbano. Hasta Florencia costó
que fuera declarada Patrimonio de la Humanidad.
Ahora, el caso de Chiloé es distinto. Porque
hay un valor que tiene que ver con el patrimonio
vivo, estas iglesias tienen un uso comunitario,
acogen fiestas y ritos populares, fueron construidas
por las comunidades en conjunto y son mantenidas
por ellas. Valparaíso se está desdibujando
completamente. Se ha destruido completamente.
Hay una pobreza tremenda. Hay que separar el valor
patrimonial de las oportunidades políticas.
- ¿Y por qué
cree que de repente se ha puesto de moda el tema
del patrimonio?
- Mira, probablemente es algo
que estamos tomando de Europa. Pero hemos comenzado
a revisar lo que tenemos cuando ya lo tenemos
casi entero destruido. Y hay una gran indiferencia
de todas maneras, sobre todo de las clases más
acomodadas. Los que van a ver los edificios que
se abren el Día del Patrimonio son la clase
media, media baja. La clase alta nunca necesitó
un Chile hermoso. Si necesita ver belleza se va
a Florencia o a París. Hoy día lo
malo es que la clase dirigente va a Orlando o
a Miami. Tampoco necesita la belleza. Hay una
aristocracia de la plata que cambió incluso
eso. El que necesita la bellleza es el pueblo.
- Usted trabajó en
las poblaciones, donde ha pintado varias iglesias
y capillas, ahora es director de la Fundación
para la Superación de la Pobreza, la temática
de sus obras ha estado muy enraizada en el mundo
popular (tanto su teatro como sus creaciones audiovisuales).
¿Cómo se entroncan su pasión
por el arte y su vocación social?
- La vocación artística
es una vocación de diálogo, no de
monólogo. Está legitimado decir
que uno es artista porque hace algo "para
uno mismo", eso es como pintar un cuadro
y ponerlo contra la pared. Yo por eso, después
de 30 años hice una exposición en
una sala. Ahora Milan Ivelic se entusiasmó
y la vamos a llevar al Mall Plaza Vespucio, donde
va un millón de personas al año,
allí la exposición de pinturas "De
Pedro Lira a Camilo Mori" la vieron en 15
días de enero once mil personas. Lo que
importa es que el arte llegue a la gente y le
impacte de tal manera que se sienta dialogando
con otro. Yo hago cuadros en iglesias, donde va
la gente. Y busco los lugares donde está
el contacto. Esto me ha servido en los cinco años
que llevo a cargo de la División, que ya
está bueno.
- Hablando de institucionalidad
cultural, el Consejo Nacional de la Cultura, que
se proyecta como la nueva institución estaltal
de la cultura sería un órgano diseñado
con consejos regionales, con cierta autonomía,
pero de todos modos se le acusa de ser centralizador,
de que podría limitar la diversidad y el
pluralismo en la gestación de proyectos.
¿En qué está esa discusión?
- La discusión va a
ser muy larga, porque el concepto de cultura que
manejan ciertos sectores es un concepto elitista,
y nosotros pensamos que lo importante es la ciudadanía
cultural, o sea tener la posibilidad de acceder
a la cultura y de producir cultura y eso es incompatible
con la postura de los sectores más duros
de la derecha, que piensan que el estado no tiene
que intervenir en nada en cultura, y que, el que
quiere ser culto que lo sea, y el que no, no.
Claro, porque ellos tienen la posibilidad de ir
a Harvard. Nosotros trabajamos mucho el arte público,
nos interesa que la gente comience a absorver
por osmosis. En Santiago la gente está
comenzando a mirar las obras de arte públicas.
Hasta que no tengamos cultura en las poblaciones
y en los campamentos no vamos a tener un pueblo
culto.
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