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Su
noción de patrimonio vivo, en contacto
con la comunidad, condicionó su enfoque
a la cabeza de la Dibam: "Las instituciones
tan venerables como ésta, tienen, naturalmente,
una gran tendencia a ser muy conservadoras. Lo
que es bueno, puesto que conservamos el pasado.
Pero el pasado sólo se conserva si se está
cada día poniendo al día hacia el
futuro. Hay que abrir las puertas, las ventanas,
para que cada vez más gente tenga acceso
a su patrimonio". El lograr un acceso mayoritario
a la cultura, aumentando a la vez la calidad,
fue el norte de este proceso, lo que pasaba fundamentalmente
por la capacitación del personal: "La
modernización no es llenarse de aparatos,
sino cambiar las actitudes mentales, de servicio
y de apertura al mundo moderno".
Tender puentes con el mundo
privado fue otra de sus prioridades, lo cual se
concretó en proyectos realizados con financiamiento
de empresas acogidas a la Ley de Donaciones Culturales,
a través de entidades como la Corporación
del Patrimonio Cultural de Chile, creada en 1994
al alero de la Dibam, y de la cual fue su primera
Presidenta. "Creo que la gran meta es transformar
a la Dibam -que cuida el patrimonio cultural de
Chile- en una institución más ágil,
más apta para servir. Y para eso, fuera
de modernizar a su servicio internamente, está
el trabajar cada vez más con el ámbito
privado. Porque de esta manera vamos a poder potenciar
muchas cosas que el Estado hace y que no puede
hacer solo".
Demócrata Cristiana
de las clásicas, desde la Concertación
de Mujeres por la Democracia, su lucha por la
mayor representación de mujeres en cargos
públicos ya era conocida.
Fue la renuncia del entonces
director de la Dibam, Sergio Villalobos, lo que
posibilitó el nombramiento de Cruz-Coke
"Fue un gesto que yo le agradezco muy profundamente
a Aylwin. Pegarse el salto y arriesgarse a nombrar
a una mujer, en este caso a mí. El Presidente
me conocía y sabía que para mí
todo lo cultural era clave en mi vida. Por eso
me nombró". La siguiente administración,
de Eduardo Frei, la confirmó en el cargo,
con lo que se produjo una simbiosis entre la persona
y la institución con la cual el público
la identificó plenamente.
La aparente obsesión
por la vida pública, que cercana a los
ochenta, le impide abandonar una cancha por lo
demás pesada, se sustenta, sin embargo,
en el ámbito privado: "Una realización
muy importante ha sido mi familia, mis estupendos
hijos, mi marido. El ambiente familiar es clave.
"Las opciones políticas y sociales,
expresadas desde la oposición al gobierno
de Pinochet, han sido también, definitivas:
"En muchos aspectos fui un animal político
y he aplicado eso a este otro campo, al de la
cultura. Estuve en varios movimientos, tratando
de construir una patria más solidaria.
Proyectos sociales que no son contablizables,
pero que significan una experiencia extremadamente
rica".
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