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La primera mujer en la historia de Chile que ha
dirigido la Biblioteca Nacional, gestora cultural
de vasta trayectoria, Marta Cruz Coke ha destacado
por su tesón para abordar y defender las
causas patrimoniales.
Por Rosario Mena
Mujer de armas tomar
y figura imprescindible de la vida cultural, Marta
Cruz Coke ya ostenta una categoría de personaje
histórico: fue la primera mujer en la historia
de Chile a cargo de la Biblioteca Nacional, fundada
en 1813, al asumir como Directora de la Dirección
de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam), nombrada
en 1993 por Patricio Aylwin. "Durante mi
vida acumulé una gran cantidad de conocimientos
inutiles, que sólo sirven para mi propia
entretención", dice esta mujer, dueña
de una formación académica no oficial
que aprovechó las oportunidades que el
destino le ofreció para tomar una infinidad
de cursos de primer nivel tanto en París
como en Buenos Aires. En el College de France,
siguió cursos de historia, sociología,
teología y filosofía dictados por
los más importantes intelectuales y científicos
de Francia. En la Ecole de Louvre, participó
en cursos libres para estudiantes sobre pintura
medieval y renacentista. En Buenos Aires se inscribió
en la Universidad como alumna libre en Filosofía.
Hoy Presidenta de la Asociación de Gestores
Culturales, fundadora y primera Presidenta de
la Corporación del Patrimonio Cultural
de Chile y ex directora del colegio La Maissonette.
Marta no se ha cansado de coleccionar títulos
y membrecías varias, que van desde Presidenta
de la Juventud Católica Femenina hasta
su puesto de Agregada Cultural ante la OEA, pasando
por el cargo de consejera y tesorera de la Comisión
Nacional de Derechos Humanos, Arquitecto Honorario
del Colegio de Arquitectos, Directora Nacional
del Departamento de la Mujer en el Partido Demócrata
Cristiano, miembro del Consejo Nacional de la
Democracia Cristiana Argentina y miembro del Directorio
de la Corporación del Patrimonio Cultural
de Chile, entre muchas otras cosas.
Como Directora de la Dibam, cargo que implicaba
el de Vicepresidenta Ejecutiva del Consejo de
Monumentos, previo a la creación, por su
iniciativa, de la Secretaría Ejecutiva,
Marta fue la encargada de presentar por primera
vez en la Unesco, en París, en 1995, la
postulación de Valparaíso como Patrimonio
de la Humanidad. Esta se concentró en los
ascensores, sobre la base de un trabajo emprendido
por el arquitecto Antonino Pirozzi. La sugerencia
del Director de Patrimonio de la Unesco, de presentar
una postulación más amplia de Valparaíso
y sumar a ésta las de Chiloé y las
salitreras, fueron el impulso inicial que condujo
finalmente al proyecto de la creación del
Museo del Salitre, por iniciativa del senador
Sergio Bitar y al reconocimiento de las Iglesias
de Chiloé como Patrimonio Mundial, gracias
fundamentalmente a la gestión del Colegio
de Arquitectos y los Amigos de Chiloé,
en conjunto con el Obispo de Ancud, Juan Luis
Ysern.
Sin embargo, sus gestiones
con respecto a Valparaíso se encontraron
con la negativa del alcalde de Valparaíso,
Hernán Pinto, con cuya hostilidad tuvo
que volver a enfrentarse al ser designada como
Visitadora Especial, con la idea de aunar colaboraciones
y juntar personas en torno la postulación
oficial, presentada el año pasado por la
Ministra Mariana Aylwin. "Hablaré
con él cuando se le pase la pataleta",
declaró con ironía a los medios
en referencia a las acusaciones del edil, quien
sintiendo amenazado su territorio, aseguraba que
Cruz-Coke era un obstáculo para el éxito
de las gestiones. Finalmente y considerando que
"no valía la pena, Marta decidió
retirarse del asunto. "La autoridad tiene
que respetar el patrimonio que representa, pero
el alcalde no lo ha hecho", es su opinión
invariable frente a un tema que vislumbra sin
futuro: "Yo veo muy difícil que Valparaíso
sea declarado por la Unesco. A la voluntad política
del gobierno tiene que sumarse la de la municipalidad".
Pero ni las polémicas
con el alcalde y los intentos fallidos como Visitadora
Especial, asustan a esta mujer de carácter
fuerte e ideas fijas, acostumbrada a luchar e
imponerse en un medio que, si bien le ha otorgado
satisfacción y reconocimiento, también
le ha presentado difíciles desafíos,
partiendo por la reestructuración de la
Dibam. "No ha sido nada sencillo, porque
no hay nada más difícil que aceptar
los cambios -declaró al poco tiempo a la
cabeza de la institución. La resistencia
viene no sólo de la gente que está
involucrada, sino de la gente que está
fuera. Nadie quiere mirarnos como algo diferente.
Pero hemos logrado despertar al dinosaurio".
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