Por
Rosario Mena
Combinando la sociología con la comunicación,
la perspectiva cultural y el trainning comercial,
el periodista y sociólogo Arturo Navarro,
miembro de la Asociación Nacional de Gestores
Culturales, se ha destacado en el mundo de la cultura
por una eficiencia basada en la articulación
de iniciativas y recursos, inserta en la lógica
del libre mercado. Secretario Ejecutivo de la Comisión
Presidencial de Infraestructura Cultural, académico
y asesor en diversas intancias nacionales e internacionales,
como Presidente del Centro Cultural Estación
Mapocho ha logrado convertir al patrimonial edificio
en un emblema de gestión, dentro del cual
ha dado forma a su particular inquietud por la generación
de espacios, infraestructura y hábitos de
consumo cultural.
Desde que la antigua Estación Mapocho se
convirtiera en popular Centro Cultural, Arturo Navarro
ha llevado sus riendas. De eso han pasado más
de diez años, tal como lo pronosticara una
tarotista en la lejana ciudad de Jerusalén,
en donde Navarro se encontraba representando al
gobierno con ocasión de una feria internacional
del libro. "Me dijo que un señor rubio
me iba a ofrecer un trabajo que me iba a gustar
mucho y me iba a durar mucho tiempo". El señor
no era precisamente rubio, sino colorín.
En cualquier caso, la oferta del ex alcalde de Santiago,
Jaime Ravinet, cayó como anillo al dedo de
este sociólogo, periodista y empresario de
la cultura, forjado en emblemáticos proyectos
comunicacionales como la Editorial Quimantú,
la revista Apsi, el suplemento literario del diario
La Epoca, la editorial Planeta. "No tuve ninguna
duda. Dije: esta pega es para mí. Como que
el proyecto ya estaba dentro de mí. Me dijeron
que había que autofinanciarse y yo dije,
ok", comenta Navarro.
La exitosa administración,
complementado iniciativas de índole tanto
comercial como cultural y de beneficiencia, ha
logrado atraer el volumen de recursos necesario
para mantener el Centro en permanente actividad,
desarrollando proyectos acogidos a la Ley de Donaciones
y realizando eventos de amplia convocatoria y
difusión. Su modelo de gestión se
ha convertido en paradigma de la política
cultural propugnada por el Presidente Lagos, lo
que ha motivado algunas de las múltiples
y diversas críticas a la llamada "nueva
institucionalidad cultural" que propone el
gobierno. "Bueno, hay una voluntad del presidente
Lagos de impulsar la infraestructura cultural
en Chile. Y me nombró a mí Secretario
Ejecutivo de la Comisión Presidencial de
Infraestructura Cultural".
La idea, en todo caso no es hacer "estaciones
Mapocho" en todo Chile, "como algunos
han interpretado muy burdamente", sino "introducir
en la lógica del Estado la lógica
de la gestión cultural privada, para crear
y desarrollar nuevos espacios culturales. Eso
debe adaptarse a la realidad de cada región
y ciudad. En algunas partes habrá que hacer
un museo totalmente financiado por el Estado,
en otras habrá mayor capacidad para captar
recursos privados. Probablemente en las regiones
con menor desarrollo se requiera más apoyo
estatal y en otras, donde hay empresas, como las
mineras de la segunda región, su aporte
tiene que ser protagónico. Lo importante
es que exista un plan de gestión, y que
los recursos se destinen a él", acota
Navarro.
Plan que en su opinión
debe concebir el financiamiento a través
de un triángulo constituido por el público,
el Estado y la empresa privada, de modo de garantizar
la libertad y el desarrollo cultural: "La
base de la cultura es la libertad, mientras más
libres seamos, más se desarrolla la cultura.
Yo no creo que la cultura se desarrolla en la
opresión, como afirman algunos. La libertad
puede ejercerse cuando hay un financiamiento adecuado,
compartido entre el estado, los empresarios y
el público, para que no dependa de ninguno
de los tres. No hay una sola fórmula. El
asunto es cómo lograr atraer recursos de
estos tres puntos, para que la cultura sea cada
vez más libre".
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